Entre los muchos países que han experimentado una transición democrática en las últimas
décadas, considero que Rusia es fundamental para Estados Unidos, al igual que Brasil, que
es el país más poblado de América del Sur y ocupa el noveno lugar en la economía mundial.
En estos casos, los vínculos entre los partidos políticos (PP) deben seguir evolucionando.
Dado el tamaño e influencia de estos países, su capacidad para lograr una democracia estable
y un crecimiento económico tendrá consecuencias a nivel global. Por lo tanto, es importante
comprender la democracia en Brasil, tarea que aborda este artículo. Desde esta perspectiva,
se considera que la tercera ola de democratización posterior a 1974 tiene características que
requieren la reconstrucción del sistema de partidos políticos (PP).
Mainwaring (1999) sostiene que muchos casos de la tercera ola resaltan la necesidad de
centrarse en la capacidad del Estado y las élites políticas para estructurar y reestructurar los
sistemas de partidos políticos (PP) desde abajo.
En su estudio empírico sobre el sistema de partidos y la democratización en Brasil,
específicamente en el período 1979-1996, el autor destaca las debilidades del sistema de
partidos y los problemas democráticos relacionados. Argumenta que el sistema de partidos
está mal institucionalizado y explora las razones de las dificultades en la construcción de
partidos, así como las consecuencias de una institución frágil. Esto permite reafirmar la
importancia fundamental de los partidos políticos frente al escepticismo generalizado sobre
su relevancia en la estructuración de los cargos públicos.
Por otro lado, Morlino (2005) argumenta que, en las últimas tres décadas, la democracia se
ha implementado en la mayoría de los países del mundo. Eruditos, políticos, activistas y
gestores se han preguntado por qué se produjo esta transición y cómo serían los cambios.
Esta nueva perspectiva nos lleva a considerar la calidad y mejoras que la democracia puede
tener, aunque no existe una forma de medir la calidad o dimensiones de la misma, lo cual
permite profundizar en su desarrollo.
Santos (2005) argumenta que, tanto en la Monarquía como en la república, en España se
considera que en la actualidad el Senado es una cámara prácticamente inútil en comparación
con el Congreso. Los votos son gestionados por su portavoz, quien en la práctica es el único
con derecho a ser escuchado. La participación individual no está permitida y está
condicionada al grupo parlamentario. Aquellos que no lo hagan estarían excluidos de las
próximas listas o no serían considerados por los partidos políticos (PP).
En Latinoamérica ocurre de manera similar. En la actualidad, la participación en bloque
prevalece en la mayoría de las representaciones populares de los partidos políticos (PP) a
través de las urnas. En la práctica, la iniciativa dentro de la Asamblea Nacional es llevada a
cabo principalmente por el líder del partido, y no se permite el pronunciamiento individual.
Podríamos afirmar que, en estos casos, han transcurrido veinte años de lo mismo, según
señala Santos (2005).
En este sentido, surge la pregunta de hasta qué punto existe una forma independiente de
actuar como representante de los ciudadanos y hasta qué punto los partidos políticos están
obligados a restringir a sus colaboradores. Podemos observar que la selección de candidatos
para los cargos y representación en el servicio público debe ser más amplia, lo que demuestra
la falta o ausencia de protocolos o procesos basados en el mérito para seleccionar a los
candidatos.
Los estudios realizados por Delgado Sotillos y López Nieto (2013) en su libro
"Comportamiento Político y Sociología Electoral" destacan la representación moderna en el