En cuanto a la variable actitud hacia el trabajo en equipo, esta se refiere a un grupo de integrantes que están
establecidos, asignados, y presenta cierta autonomía; y que realizan tareas que requieren con interdependencia entre
los miembros (Rasmussen y Jeppesen, 2006). El trabajo en equipo debe estar formado por personas con la mejor
disposición para alcanzar colectivamente los objetivos, con atención a las limitaciones derivadas del número de
integrantes. Este equipo debe poseer autoridad y responsabilidad de tomar decisiones críticas, decisiones que
impactan significativamente en el resultado y futuro
El enfoque teórico del trabajo en equipo está determinado por la gestión de la calidad que ha experimentado
una importante evolución y transformación desde el origen de la humanidad. La gestión moderna de la calidad a
menudo se remonta a la era de la investigación científica, finalizando el siglo XIX e inicios del XX. Este período
marcó el inicio del movimiento de gestión de la calidad de diferentes formas (Bergman y Klefsjö, 2020); que se
refleja en la curva de rendimiento del equipo, propuesta por Katzenbach y Smith (2016), quienes describieron el
desempeño de un grupo de individuos en función de su nivel de funcionamiento como grupo o como equipo. La
curva ilustra el impacto en el desempeño en relación con la efectividad del equipo.
Se reconoce la importancia de las habilidades de trabajo en equipo para el desarrollo personal, académico
y profesional, por lo que las universidades las incorporan cada vez más en sus programas académicos (De Prada et
al., 2022). Un análisis del mercado laboral contemporáneo indica que las destrezas para trabajar en equipo se
encuentran entre las habilidades más deseadas por los empleadores. Por ello, los estudiantes, futuros empleados,
deben desarrollar y mejorar sus habilidades de trabajo en equipo. Se sostiene que la eficacia de los integrantes del
equipo depende, entre otras cosas, de las actitudes de trabajo en equipo (Rudawska y Szarek, 2014).
Las dimensiones de las actitudes del trabajo en equipo se establecen como: dimensión identidad, se refiere
a la esencia auténtica y singular que se forma cuando todos los integrantes del equipo se conectan de manera
individual y colectiva, identificándose con el equipo a través de su compromiso y participación activa en las
actividades; la dimensión comunicación, que implica la interacción de los miembros del equipo con los propósitos
de intercambiar comunicación, colaborar de manera coordinada y facilitar el funcionamiento adecuado del equipo;
la dimensión ejecución consistente llevar a cabo las acciones y estrategias planificadas por el equipo de acuerdo
con los objetivos acordados; y por último, la dimensión regulación, referida a los procesos de ajustes continuos que
los equipos implementan para lograr los objetivos, abordando conflictos que surgen y adoptando mejoras que
aumenten su efectividad o fomenten su crecimiento (Torrelles et al., 2011).
La variable toma de decisiones consiste en procesos informativos en el que los equipos o personas trabajan
para resolver dificultades y aprovechan oportunidades. Esta afirmación subraya que las personas que toman
decisiones buscan mejorar el rendimiento en beneficio de los diversos involucrados en el grupo (Rodríguez-Cruz y
Pinto, 2018). La toma de decisiones son actividades fundamentales en nuestra vida diaria. Constantemente se
enfrentan a diversas opciones y como individuos se debe seleccionar una de ellas. Por lo tanto, este proceso se
considera crucial y tiene un gran impacto en las personas, las organizaciones y las sociedades en general (Arévalo
Ascanio y Estrada López, 2017).
El fundamento teórico de la toma de decisiones se ha establecido a partir de la escuela de las decisiones de
Simon, (1955) quien indicó que, en la perspectiva de la teoría de la racionalidad limitada, han surgido en la literatura
especializada teorías y prácticas acompañadas de modelos que representan aspectos específicos de la toma de
decisiones como procesos estratégicos.
Existen factores que determinan la toma de decisiones, destacándose el aprendizaje en equipos como
estrategia poderosa para facilitar las adquisiciones de las habilidades esenciales de trabajo grupal y exponer a los
alumnos a procesos complejos de toma de decisiones (Sibbald et al., 2023). En ese sentido, el factor de la autonomía
en la toma de decisiones de los equipos tiene en cuenta las capacidades del trabajo colectivo y la construcción de
un órgano de consulta y toma de decisiones, de cuya conjunción se podrán producir soluciones adecuadas (Sheng
y Xu, 2019).
La toma de decisiones implica una serie de procesos a considerar una vez que se ha completado la validación
de la información, tanto a nivel organizacional como individual, partiendo del procesamiento de la información.
Este proceso implica que los tomadores de decisiones, después de haber recopilado y seleccionado toda la