DISCUSIÓN
En respuesta al objetivo general, se evidenció que los hospitales de nivel II del MINSA presentan un alto nivel de
gestión, con un 56,3% en gestión buena, un 40,6% en gestión regular y un 3,1% en gestión deficiente. Por otro lado, los
hospitales de nivel II y III de EsSalud muestran un notable nivel de gestión, con un 54,5% en gestión buena, seguidos por un
41,7% en gestión regular y un 4,1% en gestión deficiente.
Estos resultados coinciden con lo encontrado por Villalbí et al. (2019) en España, quienes buscaron definir indicadores
de gestión apropiados para gestionar una organización dedicada a la atención en salud. Los hallazgos indicaron que la gestión
de los servicios de salud presenta dificultades; no obstante, en lo que respecta a las actividades de coordinación y enlace, los
indicadores de gestión tienden a ser menos cuantitativos y más sensibles a los cambios, lo que permite alcanzar una gestión
que varía de regular a buena. También concuerdan con Arteaga (2019) en La Libertad - Perú, quien buscó determinar la
administración por procesos del Hospital de Alta Complejidad “Virgen de la Puerta”. Los hallazgos indicaron que existió
relación entre la competitividad y la gestión, obteniendo un 94,4% de trabajadores en un nivel de gestión que oscila entre
regular e insuficiente. Por lo tanto, resulta crucial desarrollar propuestas que ayuden a mejorar los procesos establecidos en la
institución, a fin de atender las necesidades fundamentales de la comunidad.
Teóricamente, concuerda con Medina et al. (2019), quien menciona que un gestor debe poseer un enfoque que se
alinea con la estrategia, misión y objetivos de una organización, con énfasis en la satisfacción de los usuarios y la capacidad de
adaptación a los cambios. Por ello, se deben gestionar los procesos organizacionales esenciales, formar equipos de mejora y
definir acciones y objetivos orientados a la optimización de los procesos. Es importante destacar que las evaluaciones de los
usuarios son fundamentales para perfeccionar el servicio ofrecido y para comprender en profundidad sus necesidades.
En respuesta al primer objetivo específico, se evidenció que las acciones administrativas relacionadas con la toma de
decisiones decisivas en los hospitales de nivel II del MINSA se clasifican como mayoritariamente buenas (53,1%), mientras
que un 43,8% se consideran regulares y un 3,1% deficientes. Por otro lado, en los hospitales de nivel II y III de EsSalud, la s
decisiones decisivas se presentan principalmente como regulares (50,0%), seguidas de un 45,8% que son buenas y un 4,2% que
se consideran deficientes.
Estos resultados coinciden con Almeyda (2019) en Lima, quien buscó establecer la relación entre los procesos de
gestión y la eficiencia del Servicio de Cirugía General del Hospital Arzobispo Loayza. Los resultados indicaron una efectividad
del 63.5%, una eficiencia del 98.1% y una accesibilidad del 88.1% basados en la toma de decisiones exitosas. Por lo tanto, se
recomienda optimizar la toma de decisiones decisivas para elevar la productividad y efectividad en las organizaciones, lo que
favorecerá intervenciones exitosas y capacidad operativa.
Teóricamente, concuerda con Barrientos et al. (2022), quienes mencionan que aquellos gestores que toman decisiones
en base al estilo decisivo resaltan la relevancia de la acción, la rapidez, la efectividad y la consistencia, creando un plan y
adhiriéndose a él, progresando de una acción a la siguiente. Además, son gestores que, al interactuar e intercambiar opiniones,
otorgan gran importancia a la honestidad, la claridad, la lealtad y la concisión.
En respuesta al segundo objetivo específico, se demostró que las acciones administrativas relacionadas con la toma de
decisiones flexibles en los hospitales de nivel II del MINSA se clasifican como mayoritariamente buenas (56,3%), mientras
que un 40,6% se consideran regulares y un 3,1% deficientes. Por otro lado, en los hospitales de nivel II y III de EsSalud, estas
acciones administrativas se evalúan como predominantemente buenas (70,8%) y regulares (29,2%).
Estos resultados se ajustan a lo encontrado por Arosemena (2022) en Panamá, que buscó establecer la relevancia de
los indicadores en la gestión estratégica de las instituciones de salud. Los resultados demostraron que la aplicación de
indicadores de gestión es clave para la colaboración entre los miembros de la organización y su vinculación con el cumplimiento
de objetivos. Por lo tanto, a medida que estos indicadores ayuden a la organización a mantener su flexibilidad y adaptarse a las
transformaciones del entorno económico, se facilitará la toma de decisiones empresariales efectivas y oportunas.
Teóricamente, los resultados coinciden con Barrientos et al. (2022), quienes mencionan que aquellos gestores que
toman decisiones en base al estilo jerárquico realizan la recopilación minuciosa de información, evitando la precipitación. Se
anticipan a que la información aporte de alguna forma, aunque se puede optar por omitir ciertas indagaciones, perspectivas y
procesos de toma de decisiones en el contexto organizacional. Desde esta óptica, las decisiones deben ser firmes y tener un
impacto duradero.
En respuesta al tercer objetivo específico, se evidenció que las acciones administrativas relacionadas con la toma de
decisiones jerárquicas en los hospitales de nivel II del MINSA se clasifican como buenas (71,9%), regulares en un 25,0% y
deficientes en un 3,1%. Por otro lado, en los hospitales de nivel II y III de EsSalud, estas acciones administrativas son
consideradas buenas (75,0%) y regulares en un 25,0%.
Estos resultados coinciden con Armijos y Núñez (2020) en Chile, quienes buscaron diseñar e implementar un modelo
de indicadores para mejorar la gestión hospitalaria. Los hallazgos revelaron que el modelo basado en indicadores contribuyó a