Guaicha, K., Jurado, C., & Lozano, M. (2026). Didáctica del aprendizaje en entornos virtuales: una perspectiva andragógica en la
formación universitaria de ciencias sociales en Ecuador. Revista InveCom, 6(1). 1-12. https://zenodo.org/records/15549909
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pregunta de investigación: ¿Cómo contribuye una didáctica del aprendizaje con enfoque andragógico a mejorar
el proceso educativo virtual en estudiantes universitarios de ciencias sociales? En consecuencia, el objetivo
general del presente estudio es analizar la contribución de dicha didáctica en el mejoramiento del proceso
educativo en entornos virtuales dirigidos a estudiantes universitarios de ciencias sociales. Por su parte, los
objetivos específicos incluyen identificar los elementos didácticos, tecnológicos y andragógicos presentes en los
entornos virtuales utilizados en la formación universitaria y proponer lineamientos didácticos integradores que
articulen la neurodidáctica, la andragogía y las teorías socioculturales para optimizar el aprendizaje virtual de
adultos en ciencias sociales.
La didáctica, como ciencia de la enseñanza, ha experimentado transformaciones significativas al
integrarse en contextos digitales. En los entornos virtuales de aprendizaje, esta disciplina adquiere nuevos
matices, exigiendo propuestas pedagógicas que superen la mera transmisión unidireccional del conocimiento.
Por ello, se requiere una didáctica flexible, interactiva y centrada en el estudiante, capaz de responder a las
particularidades del espacio digital y promover procesos autónomos, colaborativos y mediados tecnológicamente
(Camilloni, 2007; Litwin, 2009).
Desde la psicología educativa, diversas teorías aportan fundamentos esenciales. El aprendizaje
significativo de Ausubel (1983) destaca la importancia de activar los conocimientos previos para incorporar nuevos
saberes con sentido. A su vez, las corrientes constructivistas, representadas por Piaget (1950) y Vygotsky (1978),
resaltan el papel activo del sujeto en la construcción del conocimiento mediante la interacción con el entorno y
con otros. En contextos virtuales, estas interacciones se manifiestan en entornos colaborativos digitales, foros,
recursos hipermediales y simulaciones. La teoría sociocultural de Vygotsky y sus desarrollos posteriores (Wertsch,
1998) posicionan a las herramientas culturales —como las tecnologías digitales— como mediadoras clave en la
formación de funciones mentales superiores.
En el ámbito de la psicobiología, el estudio del cerebro y sus funciones aporta elementos cruciales a la
didáctica digital. La plasticidad neuronal y los procesos asociados a la memoria de trabajo permiten comprender
cómo los estudiantes procesan y retienen información al interactuar con estímulos complejos en entornos virtuales
(Kolb & Whishaw, 2009). En esta línea, la neurodidáctica emerge como una propuesta que articula neurociencia
y educación, señalando que los entornos virtuales deben considerar factores emocionales, dado que las
emociones positivas favorecen la consolidación de aprendizajes significativos (Tokuhama et al., 2011).
Complementariamente, la biopsicoendocrinología ofrece una mirada integradora sobre los efectos hormonales
en el proceso educativo. Las condiciones de estrés, comunes en estudiantes que enfrentan desafíos tecnológicos
o aislamiento en la virtualidad, pueden elevar los niveles de cortisol, afectando la atención y la memoria (McEwen,
2007). Sin embargo, también se reconoce que las interacciones digitales positivas, mediadas por la empatía y el
reconocimiento, pueden estimular la liberación de oxitocina, promoviendo una experiencia afectiva más
significativa en el entorno de aprendizaje (Zak, 2012).
Desde la antropología educativa, el aprendizaje se entiende como una práctica situada, inmersa en
contextos culturales específicos. En los entornos virtuales, las formas tradicionales de socialización y adquisición
del conocimiento se reconfiguran, dando lugar a nuevas ecologías de aprendizaje en las que la tecnología actúa
como mediadora cultural. La antropología cognitiva sostiene que el aprendizaje digital no solo implica la
adquisición de contenidos, sino también la internalización de nuevas formas de pensar y comunicarse,
determinadas por las prácticas culturales que configuran el entorno virtual (Rogoff, 2003). De igual manera, el
enfoque del multiculturalismo educativo resalta la necesidad de una didáctica inclusiva y culturalmente sensible,
que reconozca la diversidad de los estudiantes en la virtualidad (Banks, 2006).
En un tono similar, las teorías contemporáneas del aprendizaje digital consolidan este enfoque integrador.
El conectivismo, propuesto por Siemens (2005), plantea que el conocimiento reside en redes distribuidas y se
construye mediante la interacción con múltiples nodos digitales, lo que demanda nuevas competencias cognitivas.
Asimismo, la teoría del aprendizaje autorregulado enfatiza la capacidad del estudiante para planificar, monitorear
y evaluar su propio proceso de aprendizaje, aspecto fundamental en entornos asincrónicos (Zimmerman, 2000).
Complementariamente, la ecología del aprendizaje (Barron, 2006) muestra cómo los estudiantes interactúan con
diversos recursos, plataformas y comunidades de práctica en red para construir su conocimiento.
En Japón, por ejemplo, la didáctica del aprendizaje virtual se fundamenta en valores culturales como la
armonía, el esfuerzo colectivo y la mejora continua (kaizen). Estas nociones se trasladan al ámbito educativo a
través de prácticas colaborativas como el lesson study (jugyō kenkyū), adaptado a entornos digitales para
favorecer la retroalimentación docente y la autorreflexión pedagógica. La estructura disciplinada de los entornos
virtuales japoneses promueve un aprendizaje activo, centrado en la regulación emocional y el desarrollo de la
autonomía del estudiante. Además, las universidades incorporan tecnologías como la inteligencia artificial para